Todo trabajador conoce, en algún momento de su vida, el temor a quedar fuera de juego. Pero también sabe, o aprende, que el tablero vuelve a abrirse. Con esfuerzo, con paciencia y a veces con algo de suerte, siempre hay una jugada siguiente porque el mundo laboral, como el ajedrez, no perdona la inmovilidad. El trabajo en estos días exige leer el momento y animarse a moverse, aunque ese movimiento implique transformarse en algo distinto de lo que uno era. En el tablero, cada pieza comienza con una condición y ciertas limitaciones para avanzar. Sin embargo, dentro de esas reglas, hay margen para reinventarse y llegar a algo mejor. Quién sino el peón para enseñarnos que con modestia y paso a paso, es la única pieza capaz de algo que ninguna otra puede lograr: llegar al otro extremo y convertirse en reina.

La metáfora del juego de alfiles y torres nos entusiasma, nos empuja para afrontar crisis y transformaciones. Sin embargo, algo parece estar cambiando en la psicología de los trabajadores que nos obliga a buscar otra estrategia para esta partida.

El avance de la inteligencia artificial (IA) en los últimos años está transformando no solamente los sistemas productivos que ya conocíamos sino también está planteando una alteración psicológica en determinados grupos de profesionales. Los imaginarios vinculados a la automatización de la economía despertó un nuevo miedo que va más allá de la angustia de perder un empleo y que está planteando la posibilidad de que algunos perfiles queden obsoletos. Es decir, no se trata de quedar afuera de un determinado ámbito laboral, sino directamente de quedar por fuera del sistema productivo.

Los expertos ya tienen un nombre para este fenómeno y lo llaman FOBO, o el Fear Of Becoming Obsolete (el miedo a volverse obsoleto). A diferencia de la inseguridad laboral tradicional, el FOBO no es solo el miedo a ser despedido, sino un terror de los profesionales a volverse irrelevantes o a que sus habilidades ya no sean de utilidad en el mercado. Este fenómeno se está convirtiendo en la nueva condición psicológica dominante, afectando tanto a los trabajadores calificados que temen por el futuro de sus carreras, como a las propias empresas, que invierten miles de millones impulsadas por el pánico a quedarse rezagadas frente a sus competidores.

Científicos, líderes de corporaciones, investigaciones amplifican los miedos. En todos lados hablan del fin de determinados trabajos o de la reconversión de profesiones. Parecen verdades absolutas que nadie discute si ocurrirán o no. La pregunta es cuándo. Son discursos pero, según investigaciones recientes, dichas creencias ya tienen un fundamento en la realidad. Sólo entre enero y abril de 2026 se registraron más de 300.000 despidos en Estados Unidos, de los cuales al menos 50.000 fueron atribuidos directamente a la adopción de inteligencia artificial por parte de las empresas. El impacto fue tan fuerte que los trabajadores están llevando estas preocupaciones a terapia, expresando desesperanza y serias dudas sobre su valor personal al sentir que el mercado les está diciendo que “ya no son necesarios”.

El último reporte de la consultora Gallup, “State of the Global Workplace: 2026 Report. The Human Side of the AI Revolution”, se enfoca justamente en la experiencia de los empleados alrededor del mundo frente a las nuevas tecnologías y cómo, específicamente la IA, está impactando en aspectos centrales. Según el informe, durante el primer trimestre de 2026, el 18% de los empleados en Estados Unidos manifestó que es “muy” o “algo” probable que su puesto de trabajo sea eliminado en los próximos cinco años a causa de innovaciones como la IA. Esta sensación de vulnerabilidad se intensifica en los entornos laborales donde la tecnología ya es una realidad cotidiana, dado que en las organizaciones que ya han implementado la IA, el porcentaje de empleados preocupados por perder su empleo asciende al 23%.

Este miedo a la obsolescencia laboral no se distribuye de manera uniforme, sino que golpea de forma mucho más aguda a sectores específicos de la economía. Los datos revelan que la ansiedad alcanza niveles significativamente más altos en la industria financiera, con un 32% de los empleados temiendo la eliminación de su puesto, seguido por el sector de seguros, también con un 32%, y la industria tecnológica con un 31%. Paradójicamente, a los trabajos que presumían un futuro prometedor, el futuro los está aplastando.

A pesar de estos temores fundados, el reporte de Gallup aclara que los efectos de la IA sobre el empleo, aunque están reconfigurando las estructuras organizacionales, no son uniformemente negativos hasta el momento. Para contrarrestar la ansiedad de la obsolescencia y fomentar el optimismo, los datos sugieren que la autonomía es clave, ya que cuando los empleados sienten que tienen mucha elección sobre el trabajo que pueden hacer, son casi un 50% más propensos a percibir que es un buen momento para buscar un nuevo empleo o un giro en su carrera. En este contexto, a medida que la IA remodela el mundo profesional, la capacitación y actualización continua de habilidades (upskilling) se posicionan como un componente absolutamente esencial para preservar la esperanza de los empleados hacia el futuro.

En consecuencia, los propios datos de Gallup dejan una pista valiosa y refuerzan la idea del juego: el miedo a la obsolescencia no se combate con quietud, sino con movimiento. La IA no solo transforma sino también acelera determinados procesos para ayudarnos a elegir en nuestras trayectorias laborales, incluso en medio de la incertidumbre.

Por eso, si bien el FOBO describe con precisión el miedo de esta época, nos puede ayudar a reconocer esa incomodidad que muchos de nosotros quizás ya estamos sintiendo. Identificar el miedo es un gran paso para buscar alternativas y convertir el miedo en nuevas opciones de quien todavía tiene piezas para mover. La IA puede cambiar las reglas del juego, puede acelerar la velocidad de las piezas, pero la fuerza del peón todavía depende de la creatividad y la resiliencia que supimos cultivar durante toda nuestra historia, humana ante todo.